Gustav Mahler: Trastorno mental y creatividad musical

Gustav Mahler: Trastorno mental y creatividad musical

Este artículo recuerda a Gustav Mahler, un músico compositor que con su creación consiguió realizarse y mantener un equilibrio que contrasta con su dramática existencia.

No te pierdas: ¿Cómo saber que debo ir al psicólogo/a? (Instagram Live)

No es lícito deducir por simple asociación la relación entre genialidad y locura, aunque la existencia de ésta preceda o interfiera a la creatividad.

Gustav Mahler nació el 7 de julio de 1860 en Austria.

Fue un importante compositor e intérprete de 10 sinfonías sobresalientes y de varias composiciones orquestales, siguiendo las variables reglas del romanticismo alemán.

La investigación histórico-psiquiátrica opina que Gustav Mahler fue un músico controversial con cambios de carácter anormales, que lo llevaban a trabajar hasta el agotamiento de sus reservas físicas y psíquicas.

Gustav Mahler desde su más tierna infancia experimenta continuas muertes de seis de sus hermanos y el suicidio de otro de ellos.

No resulta descabellado afirmar que Mahler vivió las dos primeras décadas de su vida en medio de una sucesión de duelos interminables.

Entre ellos, el que más llegó a afectarle fue el que siguió a la muerte de su hermano Ernst, el más próximo a él en edad.

Este acontecimiento le afectó profundamente y le inspiró en su labor de composición musical, hasta el extremo de llegar a impregnar la temática de muchas de sus obras.

Como respuesta a la adversidad, el pequeño Gustav se sumergió en su propio mundo como mecanismo de evasión de la triste realidad que le rodeaba.

Sin embargo, junto con esta tristeza estaba el carácter violento y dictatorial de su padre, que con su comportamiento marcó de dolor la vida de su resignada esposa e hijos.

A comienzos del verano de 1907, cuando Mahler estaba a punto de cumplir cuarenta y siete años, se enfrentó de nuevo con el fantasma de la muerte que siempre le acompañó y tanto le hizo sufrir.

Como consecuencia de una difteria complicada y tras una desesperada traqueotomía de urgencia, la pequeña María “Putzi”, hija de Gustav Mahler y Alma Schindler, falleció cuando estaba a punto de cumplir sus primeros cinco años de vida.

Así fue como dio comienzo el principio del fin de la vida de un hombre cuya salud mental, y hasta física, al poco tiempo se vio afectada.

A Mahler le diagnosticaron una grave cardiopatía que pocos años después acabaría con su vida.

Desde hacía años el matrimonio Mahler atravesaba una seria crisis de convivencia, que se agravó con la muerte de su hija.

Tal y como aprendió a hacer en su infancia, el compositor se refugió en su propio mundo y se centró por completo a la composición.

Aquel verano Mahler trabajaba en su octava sinfonía, una obra que había iniciado el verano anterior.

A la muerte de Putzi le siguieron una serie de acontecimientos que se atiborraron tanto en el compositor como en su esposa.

En el terreno profesional, Mahler sufrió también un duro golpe ya que, como consecuencia del furibundo antisemitismo que imperaba en la sociedad vienesa, dimitió como director de la Ópera de Viena.

La frágil e inestable convivencia entre Alma y Gustav empeoró por un inesperado acontecimiento que hizo tambalear un matrimonio ya de por si bastante deteriorado a priori.

Gustav Mahler descubrió una carta en la que el un arquitecto detallaba los momentos de intimidad que vivía con Alma Schindler.

Se trataba de una carta que por error llevaba como destinatario al señor Mahler en lugar de la señora Mahler, tal vez un desliz freudiano que el compositor interpretó como una petición de mano de su esposa que le lanzaba el arquitecto.

A partir de este infortunado descubrimiento, Mahler se aterró ante la posibilidad de que su esposa pudiera abandonarlo.

La melancolía marcó inexorablemente cada uno de los días de la vida del compositor.

Fue entonces cuando su amigo y discípulo Bruno Walter le sugirió consultar profesionalmente con un afamado psicoanalista vienés de origen judío llamado Sigmund Freud.

Gustav Mahler pidió cita al eminente neurólogo a través de un telegrama al que siguió otro en el que le manifestaba un cambio de opinión y cancelaba la consulta.

Lo mismo ocurrió en un segundo intento, hasta que envió un tercer telegrama (esta vez con carácter urgente) cuando Freud estaba de vacaciones.

Aunque Sigmund Freud era sumamente reacio a interrumpir sus vacaciones, citó a Mahler en un hotel de la ciudad holandesa de Leiden el día 26 de agosto.

Una sesión singular psicoanalítica. Freud manifestaría a posteriori que nunca había encontrado a un paciente que asimilara tan rápidamente la esencia del psicoanálisis.

En una carta dirigida a Theodor Reik (discípulo de Freud y ferviente mahleriano) el psicoanalista declararía varios años después:

“… si doy crédito a las noticias que tengo, conseguí hacer mucho por él en aquel momento.

E interesantes expediciones por la historia de su vida descubrimos sus condiciones personales para el amor …

tuve muchas oportunidades de admirar la capacidad psicológica de aquel hombre genial ”

A lo largo de las cuatro horas de sesión, Mahler reconoció sin tapujos todos sus complejos y todos sus miedos (sobre todo su miedo a la muerte).

También comprendió el hecho de que su esposa hubiera buscado en otro hombre algo que él, por sus episodios de impotencia, rara vez podía ofrecerle.

Sigmund Freud declararía pasado el tiempo que ningún compositor había llegado a expresar de un modo tan conmovedor como Gustav Mahler la lucha entre el Eros y el Tanatos.

Especuló también acerca de ciertas experiencias infantiles vividas por Mahler, que tuvieron una significativa importancia en la génesis de su neurosis y en la inspiración de sus composiciones.

Cuando el pequeño Gustav tenía diez años fue testigo presencial de una violenta discusión entre sus padres.

Incapaz de soportar el drama, escapó corriendo hacia la calle y escuchó el sonido de un organillo con el que un músico callejero interpretaba la popular tonada austríaca “Aus du lieber Augustin”.

La cancioncilla provocó en el pequeño Gustav una súbita reacción de desconcierto, mencionaría a Freud.

 

“¿Cómo puede sonar esta alegre melodía al mismo tiempo que en mi casa ocurre un drama tan horrible?”

Durante la sesión psicoanalítica, el compositor interpretó esta experiencia como la razón de que en sus sinfonías se intercalaran ciertas melodías de apariencia banal e intrascendentes en medio de pasajes de rotunda y severa solemnidad.

A través de aquella música de organillo callejero, Mahler fijó una conjunción entre lo trágico y lo frívolo como dos elementos complementarios e inseparables.

Ciertamente, en toda la obra de Mahler encontramos múltiples ejemplos de contrastantes polifonías que emanan de lo que fue su permanente y fluctuante estado anímico alterado.

Lo alegre y lo dramático. Lo banal y lo trascendente. La euforia y la depresión.

Ciclos que indefectiblemente se alternaban en la mente del compositor y que hoy, desde la perspectiva de la moderna psiquiatría, nos inducen al diagnóstico retrospectivo de un más que probable trastorno bipolar.

Tras su sesión con Freud, una sesión que para Mahler resultó francamente beneficiosa, el compositor fue capaz de reincorporarse a sus tareas como director.

Además, aceptó un contrato para llevar a cabo una extenuante gira por los Estados Unidos a pesar de su precario estado de salud.

Cuando aún no había transcurrido un año desde su sesión terapéutica con Freud, Gustav Mahler sufrió un empeoramiento de su enfermedad cardíaca mientras dirigía un concierto tras otro en tierras americanas.

Por ello interrumpió la gira y regresó de inmediato a Europa. Al poco tiempo Gustav Mahler muere el 18 de mayo de 1911 en Viena.

Mahler se convirtió en el compositor y director de orquesta más importante en Austria, cuyas obras se consideran, junto con las de Richard Strauss, las más importantes del posromanticismo.

Conociendo en relato la vida de esta persona con tributos reconocidos, podrían plantearse la siguiente interrogante.. ¿A dónde habría llegado Mahler sin su música?.

De algún modo ¿la creación musical supuso un atenuante en su vida?.

Preguntas para seguir indagando en la clínica y el arte…

 

Gustav Mahler. / Foto: Referencial.

 

Fotos: Iván Ocando. 

Rehabilitarte / Psic. María Alejandra Briceño

Arteterapeuta