Conversaciones con artistas durante la cuarentena: Rocío Perea

Conversaciones con artistas durante la cuarentena: Rocío Perea

Les invitamos a disfrutar de la segunda crónica perteneciente a «Artistas en Cuarentena», un espacio en el que Rehabilitarte se adentra en la realidad que los creadores han experimentado durante sus largos períodos en casa, debido a la Covid-19.

La bailarina Rocío Perea es nuestra invitada en esta ocasión, quien con mucho gusto relató cómo sobrelleva esta cuarentena.

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“Como los colores de la ropa en pleno movimiento,
que cuelgan en los balcones para que las seque el viento”
Residente – Antes de que el mundo se acabe

Estas cotidianas caminatas, largas, pero no tediosas, me han dado un espacio de reflexión constante.

En el día a día lo uso para solventar esos detalles diarios que se deben resolver.

Cuando es día de entrevista, lo uso para recabar en mi memoria los detalles que me hicieron querer entrevistar a esta persona.

No era muy fan de las redes sociales como medio de comunicación con otras personas, pensaba que en vez de acercarlas, las alejaba.

Sin embargo, en el contexto en el que estamos ahora, he visto una razón de ser en ellas importantes para el mundo.

En algunos casos, estas plataformas han sido una ventana al mundo y una oportunidad de no sentirnos tan solos.

Fue mediante ellas que pude contactar a aquella bailarina que vi actuar en varios escenarios, con la que nunca tuve la dicha de tratar, pero de la cual disfrutaba su baile.

Un pasillo simétrico, largo, lleno de tonos tierras y un rojo predominante, piso con baldosas de granito.

Menuda, con ojos expresivos y un tono de voz vibrante me recibe, seguido de una sonrisa (imaginada porque el tapaboca no la permite ver).

Rocío, abogada, bailarina y soñadora, abre las puertas de su hogar y refugio para que podamos echar un vistazo a sus espacios.

Esta marabina considera que su pasión por el baile está desde que se gestó en el vientre de su madre, ambos progenitores aseguran que nació bailando.

Su padre le cantaba desde el vientre, por ello considera que la música tenga tanto peso en su vida.

Al contrario del resto de su familia que se ha dedicado al canto, ella y una prima se inclinaron por el baile.

 

Aún recuerda el momento en el que declararon la cuarentena, la tarde de ese viernes 15 de marzo entre cigarrillos, ron y música…

Una cadena nacional rompe abruptamente la atmósfera jocosa.

El anuncio de Maduro la estremeció, los nervios se apoderaron de aquel cuerpo danzante, no pensaba que el virus podría llegar a Venezuela, pero llegó…

Luego de aquella noticia, a medida que iban transcurriendo los días, en los procesos diarios se iban incluyendo detalles forzados.

El alcohol en la cartera, la mascarilla siempre puesta, quitarse la ropa antes de entrar, bañarse al llegar de cualquier sitio, hacer las compras temprano antes de que toda la gente se aglomere en los comercios…

Al caminar siente la presión de la mascarilla, le falta el aire cuando debe recorrer largas distancias, la mascarilla la hace sentir que está viviendo el virus.

Esta experiencia para Rocío se divide en dos espacios, su casa y su academia, con abordajes distintos al tiempo pre pandemia.

En la mañana, en su casa, debe ocuparse del mercado de ahí y de casa de su padre, así como de las comidas y las atenciones con su madre.

También debe visitar la casa de su hermana y asegurarse que todo está bien.

En las tardes, en su academia, se centra en sus danzas, el parón de su escuela por la cuarentena le permitió disponer del espacio necesario para poder desarrollar sus proyectos, drenar y expresar sus sentires mediante la creación, así como conocer y hablar de su ser.

Ha sido un tiempo de introspección, un camión de pompitas explotando una tras otras con ideas, la cuarentena despertó partes en su cerebro que el día a día no le había permitido.

Uno de las cosas que pudo desarrollar durante este encierro fue la cocina.

Siempre le llamó la atención, pero la práctica la fue postergando por ocupaciones cotidianas.

Aprovechando el paréntesis, lo que comenzó como una obligación, pasó a ser un negocio: vende postres por encargo.

Rocío aprovecha la ruptura de la cotidianidad para sacudir la zona de confort y atreverse a traspasar ventanas que aún no se atrevía.

Su academia se fortificó y se convirtió en su búnker anti-covid, anti-todo…

De ahí nació el chispazo de crear un montaje coreográfico dedicado a este espacio.

A su cómplice de imaginarios, locuras, creación y su escape íntimo ante la realidad que nos envuelve.

Por otra parte, Luis, Luna (sus dos gatos), mamá Delia, Rosita, Lisseth y ella, desarrollaron una convivencia que transformó su hogar en un convento donde chacharean, juegan cartas, toman “roncitos” y ven los atardeceres desde su balcón…

Ellos crearon en este encierro forzoso un espacio donde compartir, donde respirar, donde pueden ser…

Rocío está consciente que ha sido una situación dura para muchos, pero ella lo ha aprovechado para crecer en distintas formas como ser humano y para tener la oportunidad de replantearse la felicidad.

 

 

 

Fotos: Iván Ocando.

Rehabilitarte / Iván Ocando.